Gestion Ambiental Participativa Rancagua

miércoles, 31 de octubre de 2007

Gestión Ambiental y Participación Ciudadana

La responsabilidad que nos cabe como habitantes de un territorio

Las sociedades contemporáneas y en particular las ciudades se ven enfrentadas a problemas medioambientales cada vez más complejos. Esto porque el escenario en donde se desarrollan ha cambiado fundamentalmente en tres aspectos1.

  1. El origen de la contaminación ya no radica mayoritariamente en el sector productivo sino en los hábitos de consumo de la ciudadanía. (Claro ejemplo de esto es la chimenea de Caletones que en diez años disminuyó notoriamente su aporte al material particulado respirable en el valle del Cachapoal, dejando paso al uso del automóvil y la quema de leña.)

  2. La complejidad de estos problemas requiere y exige la implementación de metodologías participativas y colaborativas. (Desde esa perspectiva los presupuestos participativos pueden constituirse en un mecanismo eficaz de ejercicio de la ciudadanía en relación al medio ambiente y una efectiva herramienta de educación para la sostenibilidad.)

  3. Las soluciones científicas y técnicas han demostrado ser insuficientes para dar sostenibilidad a los modelos de desarrollo. (La construcción del relleno sanitario La Yesca, si bien resuelve de manera más que aceptable el problema de disposición final, no resuelve el problema de la basura de las ciudades.)

Cuando el origen de la contaminación se encuentra en los procesos productivos la relación que se da entre la sociedad civil, las empresas y el gobierno es siempre conflictiva. Sin embargo en los últimos veinte años se ha demostrado que en la mayor parte de las ciudades de América Latina es el uso extensivo del automóvil el principal responsable de la contaminación. Ya el Informe del PNUD de 1998 acusaba una fuerte presión sobre el medio ambiente producida por patrones de consumo desequilibrados en los individuos.

Cuando el consumo pasa a un papel protagónico en la contaminación el origen de la misma es menos identificable, y la relación conflictiva entre los actores involucrados se diluye. Antes el responsable por ejemplo era claramente una industria. Cuando ocurre que aumenta en los sectores ABC1 el consumo de estufas de combustión lenta y se masifica el consumo de leña resulta más complejo identificar al responsable de la contaminación producida por esta práctica. Aparece entonces la participación ciudadana como elemento clave para la formulación e implementación de políticas ambientales2, pues es en ese proceso en donde se despliegan de mejor manera las prácticas ciudadanas y se desarrolla la conciencia crítica.

A continuación se presenta un esquema de cómo se ha modificado el rol de los actores sociales en relación con los problemas ambientales.

Fuente: Iizuka, 2000, citada en Importancia de la conciencia ciudadana para promover la descontaminación atmosférica en las áreas metropolitanas de América Latina: el marco teórico. En Simioni, D. (compiladora) 2003. Contaminación atmosférica y conciencia ciudadana. CEPAL, Santiago de Chile.

Como bien lo declara Diego Palma3, la participación surge o puede surgir en la confluencia de dos dinámicas que son:

  1. La capacidad de participar por parte de la ciudadanía, que no es otra cosa que el bagaje de actitudes, de prácticas y reflexiones que el colectivo ha acumulado y aporta a la hora de incorporarse a un proyecto.

  2. La oportunidad de participar, o dicho de otro modo el espacio de participación que se abre en el diseño de las políticas o en la organización de la red, que permite el adecuado ejercicio de la capacidad de participación que aporta el colectivo.

En ese análisis se subraya que la adecuación de ambas dinámicas para el surgimiento de una “participación sustantiva” debe operar de manera que sea la “capacidad” de cada grupo el núcleo duro en torno al cual se diseñe la oportunidad de participar que se incorpore a las políticas, respondiendo voluntaria e intencionadamente a esas capacidades que traen los grupos a los que se convoca a participar4.

Si esto se logra la participación se constituye en un importante instrumento de fortalecimiento de la sociedad civil, principalmente en los sectores más excluidos, a la vez que profundiza y amplía el proceso democrático. Si consideramos que la desigualdad social se refleja también en el plano medioambiental, esto reviste particular importancia en tanto el proceso de redefinición de lo público-privado, y del papel que le cabe al Estado (para este caso al Gobierno Local) como regulador de la sociedad, pero sobre todo como facilitador de relaciones directas, flexibles y transparentes, permitirá sentar las bases para el reconocimiento de los derechos ciudadanos y el fortalecimiento de lazos de solidaridad.

La participación ciudadana como fuente de educación social.

Desde el momento en que gran parte del origen de la contaminación de las ciudades se ubica en las prácticas de consumo llevadas a cabo por habitantes individuales, surge la necesidad de desarrollar procesos tendientes a cambiar esas prácticas y las actitudes frente al medio ambiente asociadas a ellas. Por otra parte existe en la ciudadanía y en las organizaciones un “saber popular”, fruto de las acciones sociales que el colectivo o los individuos han sistematizado de manera informal en sus relaciones cotidianas. Este “saber popular” es elemento central de la citada capacidad de participación, y por tanto es punto de partida para el desarrollo de prácticas distintas y de la conciencia crítica que puede conducir a un cambio. Pero se hace necesario, para catalizar esta potencialidad, un proceso de apoyo y de educación.

Cada vez que se habla de educación la tendencia natural es a pensar en la educación formal que se imparte en el sistema escolar primario y secundario. Esto ocurre incluso en el contexto de la mesa de trabajo de la Política de Educación para la Sustentabilidad contenida en el proyecto Prodeem - JICA, del cual formamos parte. No es extraño incluso escuchar que la educación ambiental hay que concentrarla en los niños [y niñas] porque los adultos ya estamos “maleados”. Este discurso encierra dos peligros al menos. Primero que se desconoce completamente el valor de la educación no formal, pero sobre todo de los aprendizajes informales que pueden darse incluso en la escuela y que son la base del “saber popular” al que hacíamos mención. El segundo es que con esto se deposita (injustamente) en el presente sobre niños y niñas la responsabilidad, que tendrán que poner en práctica en el futuro, acerca del cuidado del medioambiente, a la vez que se resta a los adultos la responsabilidad que hoy les cabe y la posibilidad de constituirse también ellos en sujetos de cambio.5

Este comentario lo hago sin desconocer ni restar nada del valor ni la importancia que tiene la educación ambiental en el ámbito escolar, pero este sesgo es a mi juicio uno de los elementos que dificulta la puesta en práctica de iniciativas tan interesantes como el Sistema Nacional de Certificación Ambiental de Establecimientos Educacionales impulsado por Conama.

Ahora, la “participación sustantiva” por sus características que contiene y supera, sin rechazar, la participación funcional, empuja el desarrollo de los sujetos y se constituye en un método ideal para que los saberes y la iniciativa responsable de los habitantes se desarrollen hacia el conjunto de la sociedad, fundando así la educación ciudadana.


Notas:

1 Iizuka, Michiko. 2003. Importancia de la conciencia ciudadana para promover la descontaminación atmosférica en las áreas metropolitanas de América Latina: el marco teórico. En Simioni, D. (compiladora) 2003. Contaminación atmosférica y conciencia ciudadana. CEPAL, Santiago de Chile.

2 Keeley y Scoones, 1999; Iizuka, 2000, citados en Importancia de la conciencia ciudadana para promover la descontaminación atmosférica en las áreas metropolitanas de América Latina: el marco teórico. En Simioni, D. (compiladora) 2003. Contaminación atmosférica y conciencia ciudadana. CEPAL, Santiago de Chile.

3 Palma, Diego. 1998. La participación y la construcción de ciudadanía. U. ARCIS, Departamento de Investigación, Universidad de Arte y Ciencias Sociales, Santiago de Chile.
Disponible en la World Wide Web:

http://168.96.200.17/ar/libros/chile/arcis/palma.rtf

4 Op.cit.

5 Esto no es un problema radicado en la propia política, pues en el diseño de ésta se incorporó la visión de diversos actores y a la educación no formal en una de sus líneas estratégicas y objetivos específicos.